diumenge, 21 de setembre de 2014

Cincuenta años de exploraciones en el Pozo Azul (2)


la historia del Pozo Azul


 

Héctor Jiménez

1 setembre de 2014 13:25
Per a: apeloplana@gmail.com

Hola, Pere. Soy Héctor Jiménez, periodista de Diario de Burgos.
Estas últimas semanas he publicado varios artículos sobre la campaña 2014 del Pozo Azul y cuando estuve en Covanera con los miembros de la expedición me habló de usted Xesús Manteca.
Me gustaría recordar sus primeras exploraciones de los años 60 para hacer un artículo en nuestro periódico.
No sé si usted vive ahora en Burgos, si me faciita un número de teléfono le llamo y charlamos.
Muchas gracias de antemano y un cordial saludo
Héctor Jiménez
Redactor
Diario de Burgos
Avenida de Castilla y León 62-64 09007 Burgos



 

Pere Plana Panyart

3 setembre de 2014 10:27
Per a: Héctor Jiménez

Hola Héctor.
Le mando una nota que puede servir de base para su artículo.
--
Pere Plana Panyart.

Acerca de la últimas noticias aparecidas en el Diario de Burgos, sobre las exploraciones del Pozo Azul. Son espectaculares los resultados que se están logrando en los últimos años.

Cuando mi hermano Joaquim empezó a bucear en el Pozo Azul, en 1964, no podíamos hacernos una idea de cuándo se podría conseguir el desarrollo al que se está llegando, pero sinceramente, no nos hubiera extrañado la cifra del recorrido alcanzado, porque intuíamos el potencial que nos ofrecía su morfología y que nos afirmaba el somero estudio geológico que realizamos, solo con un par de visitas por los páramos hacia los que se dirigía la galería. Sabíamos que estábamos ante una cueva grandiosa.


En los últimos años cincuenta y primeros de los sesenta, mis dos hermanos, Gregori y Joaquim habían sido pioneros del buceo en Burgos. En algunas "pozas" del río Arlanzón exploraron a pulmón libre fondos a cinco y siete metros de profundidad. Me agregué a ellos, pese a mis diez años menos. Laberintos de algas, barbos, anguilas, truchas, terrazas de sedimento abigarrado iluminadas por los cambiantes rayos de sol, cangrejos, ratas de agua, culebras de río y toda suerte de insectos jamás vistos fueron, desde un día feliz de verano, el mundo nuevo que descubrimos a diez kilómetros de casa.

A raíz de esto, Joaquim construyó una escafandra autónoma que primero funcionaba con un grifo manual para suministrar el aire necesario. Después, con las ideas captadas de los libros de Eduard Admetlla y de Cousteau, se construyó un regulador automático que alimentaba el aire a la presión requerida según la profundidad. Lo ensayaron con pleno éxito y se construyeron nuevos modelos de escafandra monobotella y tribotella que fueron utilizados durante muchos años, pero se hizo evidente que, para la inmersión en el mar, había que disponer de material mucho más moderno, seguro y fiable.

Así se hicieron con sucesivas escafandras fabricadas por la casa "Nemrod" de Barcelona, cada vez de mayor capacidad. Las definitivas fueron utilizadas en las primeras inmersiones en el Pozo Azul, en 1964. Empezaron así en Burgos las primeras exploraciones de cuevas inundadas, lo que se conocía entonces como "espeleología subacuática" y que más tarde se llamó espeleobuceo.

El Pozo Azul se nos mostró enseguida como una cavidad espléndida porque lo ofrecía todo.  Su amplia galería parecía abrirse sin recato a nuestra curiosidad. Mi hermano hizo una docena de incursiones, hasta 1968. Nos habíamos tomado muy en serio la exploración, porque el Pozo nos cautivó desde la primera vez. Trabajamos en el equipamiento necesario durante varios años, pero era preciso más y mejor material que el que teníamos y del que podíamos disponer incluso con la escasa ayuda económica de la Diputación.

Empezamos a construír una "torpillé" (según el lenguaje de Cousteau), un torpedo de arrastre que nos evitara el trabajo del constante movimiento de las aletas, con lo que hubiéramos podido ahorrar energía corporal y se hubiera prolongado mucho la disponibilidad del aire de nuestras botellas. Lo teníamos técnicamente resuelto y con la construcción de los elementos bastante avanzada.

Pero llegamos a la conclusión, tras varias penetraciones y algún percance, de que la capacidad de una escafandra, por grande que fuera, no era suficiente para el tamaño del fenómeno kárstico al que nos enfrentábamos. Mi hermano dejó claro, en una entrevista periodística del año 1966, que el récord de recorrido subterráneo en inmersión que había conseguido, pertenecía al Pozo Azul, no a la persona. La cueva estaba allí, con todo el recorrido conocido y el desconocido que quedaba. Pero no debía pensarse en superarlo, mientras no se dispusiera de otro material y otras técnicas mucho más avanzadas que las que entonces conocíamos.

Una década más tarde, llegaron otros equipos con escafandras cargadas con mezclas de aire que permitían un mayor tiempo de inmersión, con "torpillés" fabricadas por casas especializadas, con un cúmulo de botellas de aire de reserva, previamente depositadas en lugares estratégicos del itinerario y cámaras de descompresión controladas por programas informáticos. Y mucha gente, para cubrir las funciones de porteo externo y más buceadores para la preparación del avituallamiento en el camino interior.

El Pozo Azul ahora, está en disposición de mostrarse entero, cuan largo es. Los medios nuevos lo permiten. Es una cuestión de técnica, realmente. Pero no solo eso: es sobre todo una cuestión de técnica descubierta y puesta en práctica por el tesón que siempre ha empujado a los soñadores. Estos sí. Son los mismos de antaño y seguramente iguales a los que tengan que venir.


--
Pere Plana Panyart.



 

Héctor Jiménez

3 setembre de 2014 11:54
Per a: Pere Plana Panyart

Muchas gracias, Pere, lástima que no nos hayamos conocido en persona, a ver si para otra ocasión...

Un artículo muy completo, no podré publicarlo íntegramente pero extractaré varias de sus reflexiones. Solo una duda: me llama la atención la mención a los escasos recursos económicos de los que disponían, pese a la ayuda de la Diputación. Imagino que en aquella época adquirir eso equipos era carísimo. ¿Cómo se las ingeniaban? ¿Con medios propios, tenían la ayuda de alguien más?

Le respondo con unas cuantas fotografías, a ver si me puede decir quiénes son los que salen en ellas y si conoce su autoría, para poder citarlas en nuestra publicación. La última, la de la inscripción con el nombre Plana, ¿La hizo su hermano en alguna de sus inmersiones?

Un cordial saludo


Héctor Jiménez
Redactor Diario de Burgos


Pere Plana Panyart
3 setembre de 2014 12:46
Per a: Héctor Jiménez

Foto 1
"Elane Madrid 2006 001_3_1_1.jpg"
En 1964. Segunda inmersión. Joaquim a la izq. y Pere a la dcha. Foto Uríbarri.
Foto 2
"Elane Madrid 2006 004.jpg"
1966. Inmersión en la que se logró el récord mundial. Joaquim y a la izquierda, Uríbarri. Foto Pere Plana.
Foto 3
"Elane Madrid 2006 005_6_1_1.jpg"
~1965. Jesús Rodríguez Lillo, fallecido en una inmersión de prácticas en el pantano del Arlanzón. Foto Joaquim Plana.
Foto 4
"Elane Madrid 2006 009_2_1_1.0.jpg"
~1965. Joaquim Plana con una escafandra tribotella de construcción propia. Foto Pere Plana.
Foto 5
"Elane Madrid 2006 011_7_1_1.jpg"
1966. Artículo de Fuyma (Felipe Fuente Macho) en la Gaceta del Norte.
Foto 6
"incripcion plana.jpg"
~1968. Probable inscripción autógrafa de Joaquim.
Foto 7
"Plana1964.jpg"
1964. Segunda inmersión. Pere a la izq. y Joaquim a la dcha. Foto Uríbarri.


 

Pere Plana Panyart

3 setembre de 2014 12:57
Per a: Héctor Jiménez

Efectivamente, el equipo técnico era (entonces y ahora) carísimo. De
ahí que todo lo que se pudo se hiciera con material recuperado, a
veces, de chatarrerías. Al menos para la primera escafandra. Siempre
se trabajó en un banco de mecánico, en una pequeña fábrica de tejidos
de la que Joaquim era propietario. La financiación siempre fue
absolutamente personal.

La única ayuda económica de la se disfrutó, por parte de la
Diputación, fue la subvención de UNA PARTE de la compra de la
escafandra con la se logró el récord. Se cobró casi un año después.


 

Héctor Jiménez

3 setembre de 2014 13:43
Per a: Pere Plana Panyart

Una última cuestión, Pere:
Seguro que en su día a los que se aventuraban en este tipo de cosas les llamaban "locos". ¿Se necesita un punto de locura para estas iniciativas, es afán de descubrir, es una afición desmedida, qué es...? ¿Cómo lo interpreta usted?

Muchas gracias

Héctor Jiménez

 

Pere Plana Panyart

3 setembre de 2014 15:00
Per a: Héctor Jiménez

La espeleología, según algún diccionario que consulté hace muchos
años, es "la ciencia que estudia las cavernas". Supongo que las
definiciones actuales no se alejarán mucho de esta. Prefiero no
consultarlo de nuevo porque los diccionarios, últimamente, se dan
patadas a sí mismos. Para mí siempre ha sido una atracción ejercida
por un aparente vacío existente bajo tierra, que se "siente" cuando se
descubre por vez primera (y ya no se deja nunca más de sentir) que hay
montañas que están "huecas", y uno empieza a andar por el mundo
preguntándose si ESTA montaña también. Esos vacíos no son tales, sino
que están absolutamente ocupados por un silencio que no se puede
escuchar en ninguna otra parte. Ocupados por piedra transformada,
siempre diferente. De agua pura, absolutamente quieta, o en torrentes
que remueven el cielo y la tierra de cada persona que se deja influír
por ellos.
Descubrir un hueco nuevo en una montaña y estar convencido de ser el
primer humano que se adentra en él, conlleva la avidez de explorar
todos los rincones que se van sucediendo, para conocerlo. Eso, ¿es una
locura?. A lo mejor sí.
Pero la gente de ciencia dijo, por el siglo XIX, que la espeleología
era ciencia. Yo estoy convencido de ello. Pero la gente inquieta de
hace cuatro o cinco décadas para acá, lo interpretó como una actividad
física que debía equipararse a un deporte. Y surgieron las
federaciones. Cada cual es libre. Pero cuando se hace un
descubrimiento, se están aportando datos, a diferentes niveles según
la formación personal de cada uno. Se está haciendo un servicio a una
ciencia que otros podrán desarrollar.

Las sensaciones son vitales para orientar una actividad. Las que
nosotros (mi generación) experimentamos en aquel Burgos subterráneo
virgen de los años cincuenta, nos llevó a dedicarnos a la espeleología
en cuerpo y alma. Nunca nos planteamos poder "vivir" de ella. Eso vino
después, cuando las universidades se interesaron por esta especialidad
que nunca se había integrado en ningún plan de estudios.

Bueno. Me he desmadrado.
Concretando sobre la pregunta: No tengo ni idea. Cada uno lo verá de
forma muy diferente.




2014-09-03 13:43 GMT+02:00, Héctor Jiménez:
--
Pere Plana Panyart.



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